19/07/2026

Los bandoleros enmascarados de Corella que asaltaron una caravana y liberaron a un preso

El ataque ocurrió en 1669 en el camino real, cerca de Marcilla: los salteadores ocultaron sus rostros con lienzos agujereados y sorprendieron a arrieros, comerciantes portugueses y a la comitiva que trasladaba a un detenido

Una caravana avanza por el camino real de la Ribera. Entre sus integrantes viajan varios arrieros, comerciantes portugueses cargados de dinero y ropas y un representante de la justicia de Cintruénigo que conduce a un preso bajo la vigilancia de dos guardias. De repente, un grupo de hombres con el rostro completamente cubierto les corta el paso.

La escena no pertenece a una novela de aventuras. Ocurrió en 1669, aproximadamente a una legua de Marcilla, y entre los responsables había varios vecinos de Corella y de la localidad riojana de Aldeanueva de Ebro. El episodio quedó recogido en un proceso judicial conservado en el Archivo General de Navarra.

Una zona propicia para los asaltos

Durante la Edad Moderna, los caminos de la Ribera eran fundamentales para el transporte de viajeros, mercancías, ganado, dinero y correspondencia. Una de las principales rutas atravesaba Navarra desde Pamplona hasta Valtierra y, desde allí, se dividía en dos ramales: uno se dirigía hacia Castilla por Castejón y Cintruénigo, mientras el otro continuaba hacia Aragón pasando por Tudela y Cortes.

La zona reunía varias características que favorecían la actuación de los salteadores. Se encontraba cerca de las fronteras de Castilla y Aragón, estaba próxima a los espacios despoblados de las Bardenas y era atravesada por importantes vías de comunicación. Los delincuentes podían atacar a los viajeros y huir rápidamente hacia otro territorio, dificultando la actuación de las autoridades.

Fue en este contexto cuando un grupo formado por vecinos de Corella y Aldeanueva preparó el asalto de 1669.

Enmascarados con lienzos agujereados

La descripción de los atacantes es uno de los detalles más sorprendentes del caso. Según la documentación, se presentaron con las caras cubiertas por capas y gorros y utilizaron lienzos agujereados a modo de mascarillas.

Aquellos rudimentarios antifaces les permitían ver sin mostrar sus rostros y reducían el riesgo de ser reconocidos posteriormente por las víctimas. No se trataba, por tanto, de un encuentro improvisado, sino de una acción en la que los participantes habían tomado medidas para ocultar su identidad.

Los bandoleros escogieron como objetivo una caravana especialmente valiosa. En ella viajaban los arrieros Diego Pascual, Juan Martínez y Pedro Martínez, además de un hombre llamado Juan Martínez Fernández. También formaban parte del grupo unos comerciantes portugueses que transportaban una importante cantidad de dinero y diversas ropas.

Junto a ellos circulaba un carro ocupado por el justicia de Cintruénigo, dos guardias y un preso que estaba siendo trasladado a las cárceles reales.

El inesperado encuentro con el preso

Después de detener la caravana, los salteadores se fijaron en el hombre que viajaba encadenado. Le preguntaron por qué lo llevaban detenido y si era importante lo que se jugaba en el proceso.

La respuesta del preso fue contundente: se jugaba “no menos que la vida”.

Al conocer su situación, los bandoleros le comunicaron que había llegado a buen puerto, le retiraron las prisiones y lo dejaron en libertad. El historiador Daniel Sánchez Aguirreolea interpreta este gesto como una muestra de solidaridad entre personas que podían terminar sufriendo los castigos de la justicia.

La liberación del detenido constituye el episodio más llamativo del asalto. Los hombres que acababan de atacar una caravana y amenazar a viajeros, comerciantes y guardias se presentaron ante aquel preso como sus salvadores. No existe, sin embargo, documentación suficiente para convertirlos en una especie de justicieros populares: eran salteadores que habían salido al camino para robar, aunque en ese momento decidieran favorecer al detenido.

Un episodio conservado en los archivos

Los hechos fueron estudiados por el historiador y archivero navarro Florencio Idoate en su obra Rincones de la historia de Navarra. Décadas después, Daniel Sánchez Aguirreolea volvió a recogerlos en su investigación El bandolero y la frontera. Un caso significativo: Navarra, siglos XVI-XVIII, publicada en 2006.

La referencia original conduce al fondo de Tribunales Reales del Archivo General de Navarra, concretamente al proceso 31447 del año 1669. El testimonio sobre la liberación del preso aparece en el folio 126 de aquella causa judicial.

Aunque han pasado más de tres siglos y medio, el proceso permite reconstruir una historia casi cinematográfica: un camino solitario, una caravana cargada de mercancías, comerciantes extranjeros, guardias, un preso que temía por su vida y un grupo de vecinos de Corella y Aldeanueva escondidos detrás de unas improvisadas máscaras.

El asalto recuerda que los caminos de la Ribera no siempre fueron lugares seguros. En 1669, viajar por ellos podía significar encontrarse frente a frente con una cuadrilla de hombres armados que ocultaban sus rostros con lienzos agujereados. Y, para un misterioso preso conducido desde Cintruénigo, aquel encuentro inesperado terminó convirtiéndose en la oportunidad de recuperar la libertad.

Bibliografía

SÁNCHEZ AGUIRREOLEA, Daniel (2006). El bandolero y la frontera. Un caso significativo: Navarra, siglos XVI-XVIII. Madrid–Frankfurt am Main: Iberoamericana–Vervuert, colección Biblioteca Áurea Hispánica, n.º 38, pp. 293-294. ISBN 978-84-8489-203-8. Es la fuente principal para el asalto de 1669, las máscaras de lienzo, la caravana y la liberación del preso.

IDOATE IRAGUI, Florencio (1997). «Un episodio de bandolerismo en las Bardenas», en Rincones de la historia de Navarra, 3.ª edición, tomo I. Pamplona: Gobierno de Navarra, pp. 288-294. Sánchez Aguirreolea remite expresamente a este trabajo para la narración detallada del caso.

Fuente documental original:

Archivo General de Navarra, Tribunales Reales, Procesos, n.º 31447, año 1669, especialmente el folio 126, donde aparece el testimonio sobre el preso al que los salteadores quitaron las cadenas y dejaron escapar.

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