De Itoiz a la Ribera, la infraestructura nació para llevar agua regulada al centro y sur de Navarra; tres décadas después, Corella aprobó su incorporación a la segunda fase con un respaldo mayoritario
Hablar del Canal de Navarra es hablar de una de las obras hidráulicas más importantes, largas y debatidas de la historia reciente de la Comunidad Foral. Su historia no empieza en la Ribera, ni siquiera en los campos que hoy esperan el agua, sino mucho más al norte, en el entorno de Itoiz, donde se levantó el embalse que debía servir como gran reserva para abastecer el canal.
El planteamiento era sencillo de explicar, aunque muy complejo de ejecutar: almacenar agua en el embalse de Itoiz y conducirla mediante una gran infraestructura hacia distintas zonas de Navarra para atender usos agrícolas, urbanos e industriales. La idea era transformar parte del secano en regadío, mejorar el abastecimiento de poblaciones y dar estabilidad hídrica a territorios especialmente dependientes del clima.
El proyecto del Canal de Navarra fue declarado de interés general por la Ley 22/1997, de 8 de julio, y su gestión quedó ligada a Canal de Navarra, S.A., conocida como CANASA, una sociedad constituida en enero de 2000 tras el convenio de colaboración firmado entre el Estado y la Comunidad Foral para ejecutar la infraestructura. CANASA tiene encomendada la contratación, construcción y explotación de las obras hidráulicas de regulación y transporte incluidas en el proyecto.
La construcción del sistema Itoiz-Canal de Navarra fue avanzando por fases. El canal se diseñó como una infraestructura destinada a llevar agua desde el embalse hacia el centro y sur de Navarra, con una importancia especial para las zonas agrícolas. Desde sus inicios, el proyecto estuvo acompañado de debates técnicos, económicos, ambientales y sociales, especialmente en torno al embalse de Itoiz y al modelo de regadío que debía implantarse.
En 1998 se firmó el convenio entre el Estado y Navarra para la ejecución del Canal de Navarra, con una financiación compartida. El acuerdo establecía que el Estado asumiría el 60% y Navarra el 40% de la inversión, una proporción que se ha mantenido como referencia en las fases posteriores del proyecto.
Con el paso de los años, la infraestructura fue extendiéndose por distintas zonas de la Comunidad Foral. La primera fase permitió llevar el agua a una parte importante del territorio navarro, mientras que la segunda fase quedó vinculada a la llegada del canal a la Ribera. Esta segunda fase es la que afecta directamente a municipios como Corella, donde la incorporación al proyecto se ha entendido como una decisión de gran trascendencia para el futuro agrícola y económico local.
El Gobierno de Navarra y el Estado acordaron en 2026 el texto del convenio para completar la segunda fase pendiente del Canal de Navarra. Según la información oficial, el presupuesto total del proyecto de construcción del Canal de Navarra asciende a 850 millones de euros, incluyendo fases ya ejecutadas y la segunda fase pendiente, cuyo proyecto constructivo aprobado alcanza los 373,7 millones de euros con IVA incluido. La ejecución de esta fase se realizará a través de CANASA, como en las obras ya finalizadas.
Para Corella, la cuestión no era solo hidráulica. Era también agrícola, económica y territorial. La llegada del agua del Canal de Navarra supondría abrir la puerta a la modernización del sector agrario, la transformación de tierras y nuevas oportunidades para explotaciones, cultivos e inversiones. Por eso, la decisión de incorporarse al proyecto se sometió a votación entre las personas con derecho dentro de la Comunidad de Regantes.
La votación se celebró el 29 de mayo de 2025 y fue calificada como histórica por el propio Ayuntamiento. La consulta aprobó la adhesión de Corella a la segunda fase del Canal de Navarra con un apoyo muy amplio: el 98,10% de los votos recogidos fueron favorables. En cifras, se contabilizaron 2.172 votos a favor y 39 en contra, sobre un total de 2.254 votos acreditados.
El Ayuntamiento había explicado días antes que la incorporación supondría la puesta en regadío de 3.748 hectáreas, y presentó la votación como una decisión trascendental para la agricultura y la economía local. También recordó que la localidad llevaba años trabajando para que la llegada del agua fuese una realidad.
Tras aquel resultado, Corella dio el primer paso formal para incorporarse al proyecto. El propio Ayuntamiento señaló que, una vez conseguida la mayoría necesaria, debía ser la Comunidad de Regantes de Corella la encargada de solicitar al Gobierno de Navarra la adhesión al Canal de Navarra.
Así, el Canal de Navarra llega a la historia reciente de Corella como una infraestructura largamente esperada. Nació ligada al embalse de Itoiz, se desarrolló mediante acuerdos entre el Estado y la Comunidad Foral, fue ejecutada por fases a través de CANASA y avanza ahora hacia la Ribera con la segunda fase. Para Corella, la votación de 2025 marcó un antes y un después: el momento en que la localidad decidió sumarse al camino del agua regulada y preparar su agricultura para una nueva etapa.
El aniversario de aquella decisión no solo recuerda una votación. Recuerda también una aspiración colectiva: que el agua del Canal de Navarra llegue a Corella y contribuya a definir el futuro de su campo, de su economía y de su territorio.











