28/02/2026

La Casa de las Cadenas: donde Corella hospedó a un rey

Hay casas que son piedras con memoria. Fachadas que miran al pasado desde lo alto de un balcón, como si aún esperaran el carruaje de algún visitante ilustre. En Corella, en el número 19 de la calle San Miguel, hay una que no solo lo espera, sino que ya lo vivió. Se llama Casa de las Cadenas, y en sus muros se condensa más historia que en muchos libros.

Todo comenzó en 1704, mientras Europa se debatía en la Guerra de Sucesión y en los campos de batalla se dirimía quién sería el próximo dueño del trono español. En Corella, sin embargo, Agustín de Sesma y Sierra tejía otro tipo de conquistas. Comerciante próspero, con manos de lana y visión de futuro, levantó junto a su esposa, Josefa Escudero y Ruiz de Murillo, una casa que no solo albergara su linaje, sino que lo anunciara al mundo con piedra, escudo y balconada.

La parcela, herencia de Josefa, fue transformada en un palacio doméstico, un edificio imponente de traza barroca, elegante y solemne, con aleros que parecen alzar la frente y balcones que susurran historias. Ese mismo año, como si los astros hubieran pactado con los arquitectos, les fue concedida la ejecutoria de hidalguía. Ya no solo eran ricos: eran nobles. El escudo de armas, esculpido en piedra, certifica aún hoy aquella ascensión fulgurante.

Pero el golpe de efecto definitivo llegó unos años después, cuando en 1711 el mismísimo Felipe V, el primer Borbón de la historia de España, decidió instalarse en la casa de los Sesma durante su estancia en Navarra. Venía buscando el aire saludable para su esposa, la reina María Luisa Gabriela de Saboya, aquejada de tuberculosis. Y fue allí, en aquella mansión recién estrenada, donde el joven rey encontró descanso para su corte y consagración para sus anfitriones.

Desde el 14 de junio hasta octubre de ese año, la Casa de los Sesma fue palacio real improvisado. Aquel hospedaje no fue gratuito: el 23 de febrero del año siguiente, el rey otorgó a la familia el derecho de asilo, privilegio que permitía colocar cadenas en la puerta principal, símbolo reservado a las casas que habían cobijado a la Corona. Y con las cadenas llegó el nombre: Casa de las Cadenas. Y con el nombre, la leyenda.

Porque en Corella, las historias nunca se quedan quietas. En 1719, durante una segunda visita real, el rey prometió a los Sesma nombrar coronel al nieto que naciera durante su estancia. Nació niña. Pero Felipe V, lejos de desdecirse, cumplió: la pequeña Bernarda de Sesma e Iblusqueta fue nombrada Coronela Honoraria del Ejército. Una anécdota deliciosa, de esas que bordean el mito y merecen figurar en cualquier genealogía con humor y honra.

De comerciantes a hidalgos

Pero no nos dejemos engañar por el esplendor del mármol y el brillo del privilegio. El ascenso de los Sesma no se cimentó en la sangre azul, sino en el sudor bien orientado. Eran comerciantes. Agricultores. Gente del campo y del mercado, no de los salones. Su fortuna nació del cáñamo y de la lana, fibras humildes pero esenciales. El cáñamo, en particular, era oro vegetal: imprescindible para las cuerdas, jarcias y lonas de los barcos de la Armada. Y Corella, con sus vegas fértiles, era tierra fértil para este cultivo tan rentable como exigente.

Mientras otras familias apostaban por el trigo o el vino, los Sesma sembraban fibra naval. Y lo hacían tan bien, que llegaron a convertirse en proveedores privilegiados de los astilleros de Ferrol, donde se fabricaban las piezas fundamentales de la Marina española. De los campos del Alhama a la maquinaria bélica del Imperio. Esa era la ruta, y los Sesma la recorrieron con inteligencia y ambición.

El poder en red

No estaban solos. Como todo clan que se precie, los Sesma extendieron su influencia como una tela bien urdida: parientes en la administración local, en los estancos del tabaco, en los lagares, en la iglesia y en la corte. El padre de Agustín, Gaudioso de Sesma, fue comerciante, alcalde y administrador del marquesado de Cadreita. El propio Agustín fundó en 1705 un mayorazgo valorado en más de 150.000 ducados. Nada se dejaba al azar. Hasta los nombres estaban medidos: los descendientes debían llevar siempre el doble apellido “Sesma y Escudero” y usar los escudos familiares como distintivo de linaje y pertenencia.

Tuvieron once hijos, cada uno con una misión. Hubo eclesiásticos, teólogos, administradores fiscales, militares, comerciantes. La familia era como un organismo: cada miembro desempeñaba un papel en el cuerpo mayor del prestigio colectivo.

De Corella al mundo

El comercio lanar cruzaba la frontera hacia Bayona, las fibras de cáñamo viajaban hacia Ferrol, y los Sesma participaban del gran juego del comercio internacional. Corella, aunque sin puerto, era un enclave estratégico entre Castilla, Aragón y Navarra. Desde aquí, la familia operaba como un nodo logístico que conectaba la periferia con el centro del poder.

Incluso llegaron al círculo íntimo de Mariana de Neoburgo, la viuda de Carlos II, y se integraron en las órdenes militares de Calatrava, Santiago y Carlos III. El caso de Zenón de Sesma, hijo de Agustín, es paradigmático: de receptor fiscal del tabaco en Aragón a probable agente del Tesoro. Una historia de ascenso sin atajos, pero con mucho cálculo.

La casa que aún habla

Hoy, quien pasea por la calle San Miguel puede detenerse frente a la Casa de las Cadenas y mirar hacia arriba. Verá las cadenas, claro, pero también el escudo con niños, delfines y cuernos de la abundancia que decora la esquina con la placeta de García Arista. Un escudo que no solo representa a una familia, sino a una época entera en la que Corella fue epicentro de comercio, ambición y poder real.

Y es que esta casa no es solo una muestra espléndida de arquitectura civil barroca. Es un símbolo. Un testimonio de lo que fue posible cuando una familia creyó en el poder del trabajo, de las alianzas estratégicas… y de las buenas decisiones.

Porque no todas las casas tienen historia. Algunas, como esta, son historia.
Y en Corella, esa historia cuelga —literalmente— de unas cadenas.

Bibliografía

navarra.com

corella.es

unav.edu

navarra.es

aphcorella.com

rua.ua.es

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