Corella ha vivido un acontecimiento histórico con la recuperación del Paloteado, una tradición que llevaba 129 años sin representarse en la ciudad. No se trata únicamente de un espectáculo cultural, sino de un acto que devuelve a la comunidad parte de su memoria e identidad.
Las últimas referencias documentadas sobre el Paloteado de Corella se remontan a finales del siglo XIX, cuando el historiador Jimeno Jurío recogió noticias de una versión de Moros y Cristianos, representada en sustitución de los tradicionales personajes del Ángel y el Diablo. En aquella ocasión llegó a participar un niño de 12 años, Julián Olloqui, conocido desde entonces como “Centinela” por el papel que interpretó en una garita de guardia. Desde entonces, nunca más se volvió a bailar en la localidad.
En los años setenta, el Grupo Ortzadar de Pamplona investigó esta tradición y consiguió recuperar uno de sus bailes, titulado “Don José”. A raíz de ese trabajo, el Grupo Tambarría retomó el interés en traer de nuevo a Corella esta manifestación artística que combina danza, teatro, humor y costumbre popular. Durante los últimos tres años se ha llevado a cabo una intensa labor de investigación y recopilación de documentos y recuerdos, con el objetivo de recrear de la manera más fiel posible aquel paloteado que marcó a generaciones pasadas.
La propuesta del Grupo Tambarría fue acogida con entusiasmo por el Ayuntamiento de Corella, que no dudó en impulsar un proyecto destinado a recuperar una tradición propia y devolverla a la ciudadanía como elemento de identidad y orgullo colectivo. Desde entonces, numerosas personas y colectivos han trabajado para que el estreno de hoy se haya hecho realidad.
El resultado ha sido posible gracias a la cooperación artística del Grupo Ortzadar de Pamplona, la interpretación del Grupo Alhama de Teatro, la música de los Gaiteros de Tudela y el diseño de vestuario a cargo de Fermín Teruel junto a Maratelas, quienes han creado una nueva indumentaria con guiños a la tierra corellana.
El Paloteado de Corella ha vuelto, y con él no solo una tradición, sino también un pedacito de historia que late de nuevo. Este acto cultural recupera para la ciudad una manifestación festiva que, tras más de un siglo de silencio, podrá ser disfrutada por las generaciones actuales y también por las futuras. Un espectáculo que mezcla humor, emoción y raíces, y que convierte este 20 de septiembre en una fecha marcada en la memoria colectiva de Corella.











