El pasado 22 de mayo, a los 90 años, falleció en Corella José Luis Navarro Castuera, figura clave en la historia del fútbol navarro, expresidente de la Federación Navarra de Fútbol y, sobre todo, vecino comprometido con su comunidad, amigo cercano de muchos, y símbolo de una forma de hacer las cosas: con discreción, trabajo constante y una fe inquebrantable en el poder del deporte como herramienta de cohesión social.
Su funeral, celebrado este pasado viernes en la iglesia de San Miguel, congregó a representantes del mundo del fútbol, autoridades, familiares y muchos corellanos que quisieron despedir a un hombre que fue mucho más que un dirigente deportivo: fue un constructor de puentes, un defensor de los clubes modestos, y una figura respetada por todos.
De la Estafeta a la Ribera: una vida entre dos tierras
Aunque nació en Pamplona, en la calle Estafeta, el 3 de abril de 1935, José Luis Navarro encontró su verdadero hogar en Corella, donde residió desde los 21 años y donde formó una familia junto a su esposa, Maruja Zapatero Peralta, natural de Cervera del Río Alhama. Juntos criaron a sus cuatro hijos, y compartieron una vida tejida entre afectos, fútbol y compromiso con la tierra.
Su juventud fue una combinación de formación (estudió Comercio en Oronoz) y pasión deportiva: fue jugador en el Parroquia San Miguel, Maristas de Oronoz y el propio CD Corellano, al que después presidió entre 1978 y 1982. Bajo su liderazgo, el club ascendió a Tercera División, marcando un hito imborrable en la historia del deporte local.
Presidente en tiempos difíciles, referente en tiempos de cambio
Accedió a la presidencia de la Federación Navarra de Fútbol en 1984, tras imponerse en unas agitadas elecciones a Antontxu Zabalza. Permaneció al frente durante 16 años, hasta 2000, en los que impulsó profundas transformaciones. Su mandato se dividió en etapas marcadas por desafíos institucionales, como la separación de competencias con La Rioja, hasta entonces unida a Navarra en la Federación Navarro-Riojana de Fútbol.
Navarro gestionó con templanza y visión un proceso complejo, marcado por las diferencias normativas y administrativas entre ambas comunidades. Supo mantener el equilibrio, el diálogo y el respeto institucional que permitieron una división ordenada y beneficiosa para ambas partes. Como recordaba su sucesor, José Luis Díez: “lo supo manejar muy bien, los clubes estaban encantados con él”.
Impulsor del fútbol femenino, defensor del fútbol base
Más allá de la gestión institucional, José Luis Navarro dejó una huella profunda en el fomento del fútbol base y femenino. Durante su presidencia, la Federación impulsó encuentros, torneos escolares y selecciones inferiores que cosecharon éxitos notables en competiciones nacionales, como el subcampeonato del torneo “Objetivo 92” en 1986, o el campeonato de España de fútbol escolar ese mismo año.
También fue pionero en abrir camino al fútbol femenino navarro, cuando era todavía marginal. Su apoyo permitió organizar partidos, promover selecciones y sembrar el terreno que más tarde dio frutos con los subcampeonatos de España conseguidos por las selecciones femeninas en los años 90.
Hombre de valores y gestor con visión
Además de sus cargos deportivos, Navarro fue gerente de la Cooperativa de Corella durante 20 años y también trabajó para Caja Rural en relaciones institucionales. Entre 1978 y 1982 ocupó un escaño en el Parlamento de Navarra como representante de UPN en la primera legislatura democrática.
A lo largo de su vida, combinó con naturalidad su vocación pública con una forma de ser profundamente humana: alegre, afable, siempre dispuesto a ayudar. Nunca le pesó el cargo ni se le subió el poder a la cabeza. Como lo definió su sucesor: “un hombre desprendido, querido por todos en la Ribera”.
Un legado que sigue presente
Entre los hitos materiales de su presidencia destacan la compra de terrenos para instalaciones deportivas, la informatización de las oficinas federativas, la ampliación de sedes y la modernización de estructuras. Pero su legado más grande no está escrito en actas ni edificios: está en la memoria de quienes lo trataron, en los clubes a los que ayudó y en cada balón que rodó gracias a su empeño.
La insignia de oro de la Federación que él mismo impuso a Ángel María Villar en 1997, o la visita de Pablo Porta a Tajonar en sus primeros meses de mandato, son solo imágenes de una trayectoria marcada por el respeto, el trabajo y la pasión.
Hasta siempre, José Luis
Desde Hoy Corella nos unimos al dolor de su familia y al homenaje colectivo de una comunidad que nunca olvidará su figura. Nos despedimos de un vecino ejemplar, un dirigente brillante y una persona buena, en el más amplio sentido de la palabra.
José Luis Navarro Castuera deja una historia de servicio, de fútbol y de Corella. Y esas historias, cuando son tan verdaderas, nunca se van del todo.
Descansa en paz, presidente.











